martes, mayo 31, 2016

¿Cuál debe ser la postura sincera que la Iglesia debe tener ante el avance de las propuestas del LGTB, la crisis moral y social de nuestro país, la crisis política y la crisis de gobierno?

¿Es el mundo el que debe cambiar o es la iglesia la que debe cambiar?

Salmo 128
1 Bienaventurado todo aquél que teme al SEÑOR, Que anda en Sus caminos.
2  Cuando comas del trabajo de tus manos, Dichoso serás y te irá bien.
3  Tu mujer será como fecunda vid En el interior de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo Alrededor de tu mesa.
4  Así será bendecido el hombre Que teme al SEÑOR.
5  El SEÑOR te bendiga desde Sion, Veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida,
6  Y veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz sea sobre Israel!

Meditando en este salmo para exponerlo a la iglesia, consideré, la situación que la iglesia vive hoy en día, asi como el rumbo que ha tomado la sociedad en nuestro país (México) y el mundo occidental en general.
“Bienaventurado todo aquél que teme al SEÑOR”, dice el salmo, y lo primero que debemos considerar es el término “que teme al SEÑOR”.
El gran problema de muchos cristianos para andar en el temor del Señor, es que no tienen claro a que se refiere este término.
Algunos preguntan ¿si la Biblia me enseña que Dios me ama, porque debería tenerle miedo? Otros mas exponen dudas semejantes.
La respuesta más común para explicar este concepto es: no se trata de tenerle miedo, sino de tenerle reverencia y respeto.
Esto es correcto, pero siendo sinceros, no resuelve la duda, en realidad no responde a la verdadera inquietud.
Así que expongamos el término “temer” por medio de ejemplos:
Cuando una muchacha se viste de determinada manera, le preocupa lo que dirán sus amigas, ella tiene temor de sus amigas. Cuando un joven hace algunas cosas preocupado por lo que dirán sus amigos, él tiene temor de sus amigos. Alguien que se pregunta lo que dirán sus conocidos, tiene temor de ellos, eso es tener temor,
Todos tenemos temor de alguien en esta vida, y eso no significa que le tengamos miedo.
La Biblia enseña que lo correcto es, que tengamos temor de Dios. Es decir, que al decidir sobre algo, o antes de hacer algo pensemos “¿qué dirá Dios de mi si hago esto o digo aquello? ¿qué pensará Dios de mí?”.
En pocas palabras temor a Dios es que nos importa lo que Dios piensa de nuestras acciones o pensamientos. Y tomar eso en cuenta es lo que hace bienaventurado al hombre.
Pero lo que medité respecto de este pasaje es:
- ¿vivimos en el temor de Dios como pueblo de Dios?
- ¿En realidad la iglesia se pregunta lo que Dios ha de pensar sobre ella por las cosas que hace?
- ¿Los predicadores se preguntan qué pensará Dios de ellos por lo que predican?
- ¿Los padres de familia cristianos se preocupan por su estilo de vida y por lo que enseñan a sus hijos?
- ¿Los que dirigen el canto en la iglesia y los que escriben música están pensando en lo que Dios opina de sus acciones y sus cantos?
No es raro encontrar a algunos cristianos desarrollando planes y después de que el plan está hecho, ponerlo en las manos de Dios, para que él respalde tal plan; pero no consultan a Dios.
En realidad muchos ni siquiera se interesan en si Dios es real o no, la iglesia es solo una empresa que hay que impulsar, un nicho de mercado.
La comodidad y un buen estilo de vida se han vuelto las metas de la mayoría de los cristianos, y  no es que esto sea malo en sí, pero no es por lo que Cristo murió.
Muchos asisten a la iglesia a participar de un buen tiempo de canto, algo que les conmueva y toque su corazón, para sentir “bonito”; y a la vez escuchar un mensaje alentador que les levante el ánimo. Ofrendan para que su conciencia esté tranquila.
Pocos son los que en verdad están deseosos de ser transformados por Dios en su vida personal, para llegar a ser la imagen de Cristo.
Ya es común hoy en día ver al evangelio correr por las calles totalmente diluido. Muchos personajes populares son cristianos y asisten a la iglesia del pastor fulano o zutano. Cualquiera se dice cristiano sin siquiera saber qué fue lo que dijo Cristo, pues la meta es lograr buena asistencia al culto y no que la gente se convierta de las tinieblas y el pecado, a Cristo.
Por lo tanto, al pensar en lo que ocurre en muchos países donde la palabra de Dios se predica con una amplia libertad, la oposición y decadencia, el avance de ideologías como la del Lobby Gay, debemos pensar ¿es el diablo el que actúa o es Dios quien está obrando en su pueblo.
Es importante reconocer que la iglesia nunca ha sido enemiga de los homosexuales. Históricamente no los ha despreciado como personas, y si alguien ha hecho violencia contra ellos, como lo señalan para justificar sus ideas, no hemos sido los cristianos.
Sin embargo es una realidad que el movimiento que hoy dice representar “los derechos de los homosexuales (LGTB)” ve en los cristianos un firme opositor, un enemigo, pues su manejo del concepto de “homofobia” está dirigido a señalar a todos los que no comparten sus ideas, y es intolerante contra ellos.
A esto podemos sumar los conflictos sociales, manifestados en marchas, plantones, el descaro de los políticos, los problemas económicos generalizados, las leyes claramente diseñadas para favorecer a un grupo en particular en menoscabo del resto del país, la crisis moral, la ya tan común violencia desatada, etc.
Esto nos lleva a pensar ¿debe ser la sociedad la que debe cambiar o es la iglesia la que debe cambiar?
Dios mismo fue quien puso al pueblo de Israel en dificultad a lo largo del libro de Jueces por su falta de temor manifestado en su idolatría, y una vez que se volvían a él, eran liberados.
Fue Dios quien dejó permanecer a algunos pueblos cananeos entre Israel para probarlos y hacerles entender su necesidad de buscarle y depender de él.
Llama la atención el hecho de que el pasaje más predicado en los 80’s era 2 Crónicas 7:14
“Y se humilla Mi pueblo sobre el cual es invocado Mi nombre, y oran, buscan Mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.”

Sin embargo tan pronto el profesionalismo, la autosuficiencia y la autocomplacencia tomaron el lugar de Dios, la iglesia dejó de buscar a Dios y se olvidó que el poder de Dios se perfecciona en la debilidad.
Pablo habla de la dolorosa enseñanza que recibió cuando Dios le envió un aguijón para no exaltarse por la extraordinaria grandeza de las revelaciones que recibió.
Pero hoy en día es común ver cristianos exaltándose a sí mismos, en revelaciones, palabras proféticas, logros personales, etc. sin pensar en lo que Dios dice sobre eso.
¿Es la situación actual el aguijón que Dios ha puesto para que su poder se perfeccione en la debilidad de la iglesia?
La realidad es que no es la sociedad la que necesita cambiar, es la iglesia la que debe cambiar. Su falta de temor a Dios es por lo que Dios le ha traído situaciones que le recuerden que debe mirar a él.
Lo que debemos considerar es que es tiempo de volver a vivir en el temor de Dios, y aprender nuevamente a depender de él.
La iglesia debe volverse a Dios, a tener temor de Dios.
En Cristo
J. David Amador M.

Pastor

Citas en la NBLH, Nueva Biblia de los Hispanos o Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy. © 2005, The Lokcman Foundation.

miércoles, abril 20, 2016

BIENVENIDOS


Este es el blog de la Iglesia Cristiana Evangélica Transformación de Vida.



Por medio de este blog esperamos colaborar con aquellos que buscan de todo corazón a Jesucristo, en su trabajo de preparación para el gran día en que él vuelva, y así nos halle siendo tal como él es. 1 Juan 3:2; 4:17.

Nuestro objetivo como iglesia es:

"Alcanzar y edificar a los no creyentes con el Evangelio de Jesucristo"





En Cristo,
J. David Amador, Pastor.


Dios y la historia

Hay un tema que apasiona a muchas personas en las iglesias, tal vez por el enfoque que se le ha dado respecto al futuro de la iglesia, o tal vez sólo por ser un tema que produce curiosidad y suspicacia. Lo cierto es que muchos están convencidos de que en estos tiempos se tejen importantes acciones secretas con el fin de establecer los cimientos de un orden mundial que dará paso al gobierno del anticristo y del fin del mundo.
Y es interesante tomarse un tiempo para escuchar a los cristianos que están convencidos de esto, pues este tema lo relacionan con otros temas que despiertan gran interés, como lo es la guerra espiritual.
Esto se nutre de información de la vida diaria, un presidente que toma una decisión, un país que entra en guerra, una crisis económica, un grupo que planea construir un templo en oriente, etc. Esto de inmediato se relaciona con la idea de que el diablo y los demonios están bloqueando a la gente que obra a favor del reino de Dios.
Podemos agregar a esto el llamado “conspiracionismo” que es la corriente que explica los acontecimientos internacionales por medio de la existencia de un grupo secreto muy poderoso y generalmente malintencionado.
Ahí es cuando surgen los nombres de grupos como los masones, los illuminati, grupo Bilderberg; así como el nombre de empresas, como en su tiempo se mencionó a P&G, Cocacola, Disney, etc. Además de una larga lista de caricaturas, artistas, etc. Aunque nada de esto pueda ser realmente probado.
Sea cierto esto o no, la verdad es que excita la curiosidad y levanta el ánimo, atrayendo a  muchos curiosos que aparentan convertirse a Cristo ante el panorama tan desolador que se muestra. Es por eso que este tema ha sido el fuerte de muchos predicadores para reunir gente y formarlos en un supuesto evangelio que les capacita para descubrir los planes secretos del anticristo.
Pero esto ha generado una gran cantidad de “cristianos” que no conocen menos de la Biblia, que de los movimientos de grupos secretos.
Ante esto, hay dos realidades que debemos tomar en cuenta:
1. El ser humano es pecador por naturaleza, tal como la Biblia lo enseña. Sus acciones siempre están dirigidas en dirección opuesta a la Palabra de Dios. Desde que Caín mató a Abel se ha manifestado el deseo del ser humano de dirigir las circunstancias mundiales a su favor. Así que no es de extrañar que existan grupos de gente con intereses en común que busquen influir en la política, la economía y en todo tipo de asuntos que les beneficien, incluida la religión. Pero esto es tan antiguo como la torre de Babel y no debe ser un asunto que se tome como una trama secreta reciente. Ordenes mundiales han venido e ido a lo largo de la historia.
2. Dios es eterno y eso implica que todo lo demás es temporal. Reinos han venido y reinos han ido, pero la voluntad de Dios permanece para siempre. El Antiguo Testamento enseña que los reinos Asirio, Babilonio y Persa fueron instrumentos de Dios para tratar a su pueblo. Nada, nunca se ha salido del control de Dios. Por mucho que haya cosas fuera de control, la Biblia nos enseña en los libros de Los reyes y de Crónicas que las victorias de todo pueblo estuvieron siempre bajo la decisión de Dios.
¿Puede entonces haber un grupo, o un espíritu de maldad que obre fuera del poder y autoridad de Dios?
Cuando Jesús instruyó a sus discípulos sobre la tarea de hacer discípulos de todas las naciones, primeramente les aclaró que él tiene todo dominio, tanto en el cielo como en la tierra.
Es verdad que hay cristianos que, aunque declaren que Dios es todo poderoso, en su mente se ha establecido la idea de que sus planes pueden ser frustrados y que hay cosas secretas que escapan a su vista. Por eso se turban con estos temas, ya que carecen de una verdadera confianza respecto de la protección y dirección de Dios, a final de cuentas quien confiaría en un Dios que puede ser burlado.
Pero nosotros no experimentamos eso, pues reconocemos en Dios al todo poderoso, y creador de todo lo que existe, cuyos planes y deseos jamás han sido  frustrados y que tiene dominio sobre todas las cosas.
Nuevos órdenes mundiales ha habido muchos, pero nunca la historia ha estado fuera de la dirección y autoridad de Dios. Lo que hoy ocurre, ya ha ocurrido antes. Nuestra tarea no es adivinar tiempos, es darle a conocer a él y poner en práctica su Palabra, gozosos del cuidado que tiene de nosotros.
¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.                                                           Isaías 40:28 RV60
En Cristo,
J. David Amador M.
Pastor

jueves, enero 29, 2015

Una Iglesia en la sociedad
El tiempo que pasamos en este mundo tiene un propósito el cual ya hemos estudiado: ser transformados para llegar a ser la imagen de Jesucristo. Esto en preparación para la vida eterna que Dios ha prometido a todos los que creen en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios que ha venido en carne.
Pero esto seguramente ha de traer consecuencias en la vida misma que llevamos aquí en la tierra. El impacto de una relación con Dios en la vida del cristiano y en la sociedad en la cual habita, ha sido evidente a lo largo de la historia de la humanidad.
Somos seres humanos, salvos por Cristo, por la gracia e iniciativa de Dios. Eso nos hace diferentes del resto de los seres humanos que aún viven en la oscuridad, dominados por el pecado y los malos deseos de su corazón (Ef. 2:1-3). Sin embargo seguimos participando de la vida de la sociedad en la que habitamos. Participamos del trabajo diario, de los acuerdos entre vecinos, nos relacionamos en la escuela y el trabajo. Algunos participan en equipos deportivos, en el arte, en instrucciones especiales, etc. Somos miembros de una comunidad y debemos tener claro que esto tiene que ver también con el plan que Dios está desarrollando. Esto es a lo que Jesús se refería al decir que somos la sal de la tierra y la luz del mundo.
A lo largo de la historia han existido diversos grupos que han buscado abstraerse de la vida de la sociedad, por considerarla ser “el mundo”. Y es cierto, en el mundo gobierna el maligno, con sus deseos temporales de la carne, de los ojos y con la vanagloria de la vida (1 Jn. 2.15-17).
Sin embargo tales acciones no pueden crear un verdadero creyente maduro (Col. 2:20-23), pueden tener buena reputación en el duro trato del creyente, pero no pueden hacerle vencedor ante los apetitos de la carne. La realidad es que ni los conventos, ni los menonitas, ni ningún otro grupo que ha llevado a cabo estas acciones ha destacado por su santidad a Dios, siendo más luz y sal en medio de la sociedad, que la iglesia que se desenvuelve en las actividades cotidianas de la sociedad.
Y es que ante esto debemos entender bien la situación en la que nos encontramos. La idea más común es que el mundo está combatiendo ferozmente a la iglesia, tratando de destruirla, y por lo tanto el aislarnos nos llevará a ser victoriosos. Sin embargo no es que el mundo esté tomando la ofensiva, al contrario, toma la defensiva por sentirse invadido por aquellos que no pertenecen a este mundo. Fue así como lo hizo la inquisición católica, que no deseaba ser invadida por quienes creían y pensaban de modo diferente a sus autoridades. Tal como lo hace hoy en día el humanismo que busca eliminar todo pensamiento cristiano de la vida pública y política, que exhibe la ridiculez del pensamiento humano; tal como lo hacen los chiapanecos ante el crecimiento del evangelio en las comunidades indígenas, atemorizados por la pérdida de los cacicazgos y el dominio personal de los curas. No es el mundo atacando a la iglesia, sino la iglesia invadiendo al mundo y este reaccionando de manera violenta.
El sentido de que “las puertas del hades no prevalecerán contra la iglesia” (Mt. 16:18) debe ser tomado en su correcto sentido. Dado que las puertas pertenecen al hades, no podemos pensar que un ejército llegue y agarre a “portazos” a su adversario. El sentido de la puerta siempre ha sido la defensa, para resguardarse de los ataques. Pero esta defensa cederá ante los embates de la iglesia que está invadiendo por medio del mensaje del evangelio y una forma diferente de pensar y vivir, lo cual pone en evidencia el pecado de los miembros de la sociedad.
Y es que si el evangelio crece entre los miembros de la sociedad, irán en disminución las borra… las fiestas patronales, las estafas, el estilo de vida promiscuo, los vicios, la corrupción, el jugoso negocio de la inmoralidad, etc. Por eso el mundo se defiende agresivamente asombrado del cambio que algunos de sus miembros pueden llegar a experimentar al venir a Cristo (1 P. 4:1-4).
Es pues importante cuidarnos de no aislarnos, pero también de no caer en el extremo opuesto: vivir como el mundo. No se trata de seguir el “conspiracionismo cristiano” muy de moda hoy en día, que ve al diablo en la música, los juguetes, las películas, la ropa, la comida; en fin, en todo lo que no provenga de una empresa cristiana, o de algún supuesto ministerio cristiano. Este movimiento a través de las décadas en que se ha promovido, ha generado un gran porcentaje de cristianos igual de mundanos que los no cristianos.
Pero tampoco se trata de ir al otro extremo, viviendo en indiferencia hacia lo espiritual, como si el diablo no existiera. Esto ha secado la vida de muchos cristianos que han terminado por hallarse más cómodos en el mundo que en la Iglesia.
Por lo tanto, si la manera como vivimos mientras estamos siendo transformados a la imagen de Cristo es importante, entonces seguramente Dios se ha encargado de dejar claro esto en su Palabra.
Y así es, tenemos los diez mandamientos que Dios entregó a Moisés cuando el pueblo de Israel apenas estaba iniciando su identidad con el Dios que los había llamado, de la esclavitud a ser su pueblo.
Si ponemos atención a estos diez mandamientos, entonces veremos como Dios ha definido la manera correcta en que hemos de relacionarnos con la sociedad, empezando por una correcta relación con él mismo. Y al estudiarlos, entenderemos porque “la ley y los profetas” se resumen en amar a Dios con todo el corazón, la mente, el alma y las fuerzas; y en amar al prójimo como a nosotros mismos, haciendo por él lo que nos gustaría que otros hicieran por nosotros (Dt. 6:5,10:12; Mt. 7:12, 22:37-40; Mr. 12:29-31; Lc. 6:31, 10:26-28).

Por lo demás, hermanos, les rogamos, y les exhortamos en el Señor Jesús, que tal como han recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que deben andar (se deben conducir) y agradar a Dios, como de hecho ya andan, así abunden en ello más y más.                                         1 Tesalonicenses 4:1 NBLH






En Cristo
J. David Amador M.
Pastor

sábado, septiembre 27, 2014


DIOS Y LA PROSPERIDAD

Si la Biblia habla de prosperidad ¿Es malo hablar de prosperidad en la iglesia? ¿Está mal desear prosperar? Y sobre todo ¿cómo es que decimos que la teología de la prosperidad es incorrecta?

Muchos cristianos han esperado alguna respuesta de Dios respecto de algo que necesitaban o esperaban que proveyera lo necesario en situaciones críticas de su vida. Pero cuando lo esperado no ocurrió, a pesar de haberlo esperado con fe, se decepcionaron. Muchos se han apartado de la fe debido a esto.

El problema no es que Dios sea un Dios que falle, el problema es no entender lo que Dios realmente está haciendo y lo que si debemos esperar de él. Ignorar lo que Dios nos ha revelado en su Palabra, la Biblia, puede hacernos poner nuestra confianza en cualquier cosa esperando que ocurra, aunque Dios jamás lo haya prometido. Esa es la inútil “fe ciega”.

Otros más han sido seducidos por el deseo de poseer más bienes en esta tierra, a pesar de que Jesús dijo que nos cuidáramos de la avaricia, y que la vida de la persona no depende de los bienes que posee (Lucas 12:15). 

Algunos más han escuchado a engañadores, llevados por el deseo de enriquecerse. La prosperidad prometida es seductora a un corazón codicioso, que llega a decepcionarse cuando ve que ha sido estafado.

Esta decepción se hace extensiva a Dios, aunque en su corazón Dios no jugaba otro papel más que el de cumplidor de deseos. Pero la advertencia a esto la dio el apóstol Pablo a Timoteo desde hace mucho: los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, hundiéndose en destrucción y perdición, y por la codicia al amar al dinero, serán atravesados de muchos dolores, extraviándose de la fe. (1 Ti. 6:9-10).

¿Entonces qué es lo que la Biblia enseña respecto de la prosperidad? La forma más sencilla de saberlo es ir a los pasajes que hablan sobre la prosperidad. Para ello hemos de tomar Josué 1:8, y el Salmo 1.

Cuando Moisés muere, Dios llama a Josué (v. 1-2) y le da instrucciones sobre lo que ha de hacer. Estas instrucciones vienen en forma de promesa, es decir que Dios garantiza a Josué que cumplirá con lo que le está indicando (v. 2-6). Esto incluye el hecho de que nadie le podrá hacer frente y que él repartirá la tierra prometida a los israelitas.

Para cumplir con ello Dios repetidamente le manda a ser valiente y esforzarse. Este valor y este esfuerzo por lógica están enfocados en esforzarse y ser valiente para ganar las batallas y repartir la tierra. Pues aunque Dios le ha garantizado el cumplimiento de su tarea, Josué debe dirigir al pueblo, empuñar la espada y pelear para vencer a los pueblos que habitan la tierra.

La gracia de Dios se manifiesta en que Dios dará la victoria y le acompañará todos los días de su vida. Así que Josué ha de esforzarse en la gracia de Dios, tal como Pablo lo indica a Timoteo (2 Ti. 2:1).

Esta gracia no se refiere a que Dios concederá a Josué todo lo que a él  se le pegue la gana pedir, o todo lo que codicie su corazón. Esta gracia mas bien, es la garantía de que Josué cumplirá en su totalidad lo que Dios tiene en su plan. En este caso específico es introducir a los israelitas en la tierra de Canaán y repartirla.

Este es el sentido de “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Todo lo que Dios tiene en su plan hacer en mi vida, lo puedo hacer en Cristo que me fortalece. Incluido todo aquello a lo que debo renunciar como cristiano.

De la misma forma Romanos 8:32 “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”. Todas las cosas son las que requerimos para el cumplimiento de su plan en nuestras vidas.
De la misma forma es a lo que se refiere “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” (Fil. 4:19).

Y es que es vital para la vida del cristiano entender una cosa, Dios está enfocado en su plan y no en los nuestros. La salvación que nos ha dado es parte de su propio plan para cumplir su propósito en nosotros. Filipenses 2:13 nos dice que Dios produce en nosotros el querer (el deseo) así como el hacer (la capacidad) para algo muy específico, cumplir su propósito en nosotros, igual que en Salmos 138:8 “Jehová cumplirá su propósito en mi”.

Tal vez lo más lamentable y terrible en la vida de una gran cantidad de cristianos (verdaderos cristianos, salvos por Cristo, valga la redundancia para enfatizar y aclarar) es que tienen una nueva vida en Cristo, pero no saben para qué.

Por eso muchos piensan que la obra de Dios está enfocada en ellos y  en su comodidad. Y entonces empiezan a enfocar su vida cristiana en sus deseos, sueños y expectativas, ignorando por completo lo que Dios está haciendo. Y esto brinda una vida llena de decepciones y sueños no cumplidos.

Pero Dios espera que al igual que Josué “meditemos en su Palabra todos los días de nuestra vida”. Que “su Palabra sea lo que hablemos” y “que la pongamos en práctica” (vale la pena ver el resultado de esto en Mateo 7:21-23 para evitar autoengaños).

Esto nos lleva a un paso más allá de sólo leer la Biblia. El meditarla, hablarla y ponerla en práctica nos llevará a entender cuál es el plan de Dios manifestado a lo largo de su Palabra: Hacer de nosotros la imagen de Cristo (Ro. 8:29, Ef. 4:13,15, 1 Jn. 3:2). Y a esto es a lo que se aplica “porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien”.

Así que la prosperidad, de acuerdo a la Palabra de Dios, es avanzar en el propósito de Dios. Para Josué prosperar y que todo le saliera bien, era poseer la tierra de Canaán y repartirla al pueblo de Israel. Para nosotros prosperar es ser cada día más semejantes a Cristo.

Esto puede entenderse también a la luz del Salmo 1, donde las primeras instrucciones son evitar la compañía de personas equivocadas, y meditar en la palabra de Dios de día y de noche, disfrutandola.

Aquí prosperar es ejemplificado con un árbol a la orilla de un río, frondoso y que da fruto (a su tiempo). Por lo tanto, aquel que se goza en la Palabra de Dios y medita siempre en ella, prospera en todo lo que hace, pues Dios conoce su camino. Esto se expone en comparación con los malos que son como el residuo de la paja que se lleva el viento, cuyo camino va a la perdición.

Note la comparación entre un árbol y el tamo llevado por el viento.

A este proceso de avanzar en ser transformados a la imagen de Cristo, también se le llama madurar o crecer en Cristo, y de una manera más clara se le conoce como “santificación”. Es en esto que debemos prosperar.

Prosperar será que el día que Cristo vuelva seamos semejantes a él, habiendo llegado a la meta.

El plan de Dios por lo tanto está enfocado en nuestra transformación, no en nuestra comodidad. Y es cierto, Dios tiene la capacidad de darnos cualquier cosa que pidieramos, pero él concede solo lo que pedimos conforme a su voluntad (1 Jn. 3:22, 5:14,15) y su voluntad es nuestra transformación.

Él es claro a largo de su Palabra: su propósito es el que permanece (Salmos 33:10-11), es en lo que él está trabajando ahora y es a lo que nos llama a trabajar con la promesa de su obra en nosotros (Fil. 2:12-13).

En Cristo,
J. David Amador M.
Pastor


viernes, julio 11, 2014

Reconociendo Nuestras Debilidades

¿Qué importancia tiene reconocer nuestras debilidades?
Aquel que no reconoce que es pecador no puede aceptar a un salvador. Por lo tanto no puede recibir la gracia de Dios aunque esté disponible para sí.
Pero ha sido a través de este reconocimiento como llegamos a Cristo, aceptando nuestra condición de pecadores, reconociendo nuestra necesidad de un salvador. Y así es como la gracia de Dios se hizo efectiva en nosotros para darnos perdón de pecados y vida eterna.
Sin embargo muchos han limitado la gracia a este punto, sólo para la salvación. Pero la Biblia nos enseña que la vida cristiana se vive de la misma manera en que recibimos la salvación, por gracia.
Esto significa que debemos reconocer nuestra incapacidad para vivir en Cristo y necesitamos aprender a depender de Dios en todo tiempo.
De hecho cada tropiezo que tenemos, cada falla, son resultado de nuestra falta de dependencia en Dios, quien ha dicho que resiste a los soberbios y da gracia a los humildes (Salmo 138:6, Santiago 4:6). Y esto se debe a que cuando estábamos sin Cristo y en pecado, buscábamos depender de nuestra capacidad y fuerza. Eso era “soberbia” pues buscábamos nuestro propio camino. Pero el primer acto real de humildad para recibir la gracia de Dios fue reconocer nuestra posición de pecadores y nuestra necesidad de ser perdonados.
Y es en esta misma humildad que debemos vivir la vida cristiana. De hecho, madurar significa aprender a depender cada vez más de Dios y menos de nosotros mismos, reconociendo nuestras debilidades.
Tal vez la mayor enseñanza dañina que se ha introducido encubiertamente en la iglesia hoy en día, es la que enseña al cristiano a vivir por recompensas. Le habla de sembrar, tomar autoridad, buscar estrategias de excelencia, libertad financiera, etc. Todo esto para ser independiente de Dios. El argumento bajo el que se enseña esto es “Dios ha ya hecho su obra, ahora todo depende de ti”. El resultado de esto ha sido, movimientos y cristianos inflados de soberbia, cada vez menos semejantes a Cristo.
Pero nosotros debemos buscar depender más de aquel que dijo que “el que comenzó en nosotros tan buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6), pues él produce en nosotros el querer (el deseo) así como el hacer (la capacidad) para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

En Cristo,
J. David Amador

Pastor

miércoles, abril 03, 2013

CRISTIANISMO VS HUMANISMO.


Este breve escrito tiene como objeto meramente resaltar la diferencia entre el pensamiento humanista y el pensamiento cristiano. Esto se deriva de la fuerte presión que las iglesias experimentan ante la gran cantidad de corrientes de pensamiento que la asedian y que tienen un solo origen: El pensamiento humanista.

HUMANISMO. Es la forma de pensamiento donde el ser humano es la medida de todas las cosas. Es decir que todo se mide en base al ser humano, si es bueno para el ser humano entonces es bueno. Si es grato al ser humano, entonces es grato, si es malo para los propósitos del ser humano entonces es malo.
Una forma directa de entender esto es que todo parte del ser humano y apunta hacia el ser humano, teniendo todo lo demás (incluyendo a Dios) como su instrumento.

CRISTIANISMO. Es la forma de pensamiento donde Cristo es la medida de todas las cosas. Es decir que todo se mide en base a Cristo, si es bueno para Cristo, entonces es bueno. Si es grato para Cristo, entonces es grato, si es contrario al propósito de Cristo, entonces es malo, de hecho es pecado.
En este punto es necesario aclarar que esto se debe definir como “Cristo según el Evangelio” pues el término “Cristo” separado de la Biblia puede significar cualquier cosa, hasta los esotéricos lo utilizan de acuerdo a su pensamiento.

Y de la misma forma en que lo afirmamos respecto del humanismo, todo lo que es de Dios parte de Dios y apunta a Dios, teniendo todo lo demás (incluyendo al ser humano) como su instrumento.
Así es como Romanos 11:36 lo expresa: Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Y en ese mismo sentido Efesios 1 habla de que el propósito de nuestra salvación era para la gloria de Dios.

En realidad todo lo que pudiéramos pensar respecto de la obra de Dios en el cristiano ha sido hecho por iniciativa de Dios, ese es el punto fundamental de la Gracia. Nuestra salvación, nuestra perfección, el amor de Dios, su espíritu morando en nosotros, ser participantes de su naturaleza, tener la mente de Cristo etc. Todo ha sido iniciativa de Dios, de tal modo que se origina en Dios, y tiene como finalidad la gloria de Dios. Es por eso que la palabra nos dice que Dios es quien pone en nuestra boca la alabanza (Sal. 40:3), pues ésta no tiene como origen al ser humano, sino a Dios mismo.

Es cierto que muchos cristianos reconocen la gracia de Dios en su salvación, pues esta se basa en la obra de Cristo. Pero es cierto también que en su mente tienen la idea de que su perfección es obra de ellos. Sin embargo la Biblia nos enseña que esto también es por gracia, es decir que proviene de Dios (Sal. 138:8, Fil. 1:6 y 2:13, 1P.5:10).


LA IDEA HUMANISTA DE DIOS Y SU IGLESIA

Debido a que el humanismo tiene al ser humano en el centro, cuando se habla de Dios, éste se muestra como un instrumento para los fines del ser humano. Por lo tanto se piensa que el deseo de Dios se ajusta al deseo humano y a sus reglas.

Y aunque se puede crear una larga lista de, “qué es lo que desea el ser humano”, todo puede resumirse en la búsqueda de su comodidad. Aunque esto puede variar según los tiempos, la realidad es que la insatisfacción del “modernismo” llevó al ser humano occidental a la búsqueda de la satisfacción, por lo que para el posmodernismo actual esto se centra en su comodidad.

De ahí que la enseñanza en muchas iglesias tenga como centro al ser humano, y Dios es predicado como una herramienta que “ha de bendecir”, “ha de mejorar el matrimonio” o “traer salud” entre otras muchas ofertas. Estos son temas utilizados para atraer a la gente, porque son atractivos a un mundo en gran necesidad. Pero no por eso dan la respuesta correcta, ya que tales temas se manejan en base al deseo humano y no en base a la palabra revelada de Dios, la cual es la Biblia y que nos llama a reconocer que somos pecadores y debemos arrepentirnos, creyendo en la obra de Cristo como suficiente para nuestra salvación.

Pero tal promoción es muy notoria en una gran cantidad de iglesias hoy en día, principalmente en el movimiento Neo Pentecostés, lo cual ha sido clave para la formación de las llamadas “mega iglesias”.
Si bien, el movimiento Neo pentecostés tuvo un buen anhelo en sus inicios, esto se vio afectado seriamente por la intromisión del pensamiento humano, principalmente a través del gnosticismo y el esoterismo. Pero para ver más de ese tema se puede consultar http://www.cristianismohistorico.org/2009/10/16/evanprosperidad1/ .


LA IDEA CRISTIANA DE DIOS Y SU IGLESIA

Ahora bien, es importante entender cuáles son las desviaciones en la forma de pensamiento de la Iglesia, pero más importante es entender cómo debemos pensar sí en verdad somos de Cristo.

Como hemos dicho, todo lo que se refiere a Dios, parte de Dios y apunta a Dios. Y si comprendemos cual es el propósito de Dios en la obra que realiza en el ser humano, podemos entender con mayor claridad lo que Dios está haciendo hoy en día.


Romanos 8:29 nos dice que la obra de Dios ha transformarnos para ser la imagen de su Hijo Jesucristo. Si bien, el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, esto fue dañado por el pecado, de tal modo que ahora está muerto en su pecado por lo que es incapaz de dar gloria a Dios, andando en sus propias pasiones (ver Efesios 2:1-3).

Pero Dios se ha revelado a sí mismo (Jn. 1:18), por lo que la imagen de Dios, la imagen visible del Dios invisible es Cristo (2 Co. 4:4, Col. 1:13-15). Así que al restaurar su imagen en el ser humano, Dios nos transforma para ser la imagen de su Hijo Jesucristo.

Por lo tanto todo lo que vivimos, ya sean tiempos de gozo y paz, o tiempos de dificultad (2Co. 4:17, Stg. 1:2-4, 1P. 1:6-7), operan para el propósito de Dios en nuestra vida.

Al comprender esto, entendemos que alabamos a Dios, no para sentirnos mejor, ni para que nos dé más de sí mismo, pues ya habita en nosotros. Le alabamos porque él es digno de ser alabado, y reconocemos su obra en nuestra vida, por lo cual le damos gloria.

Del mismo modo, leer la Biblia, orar, meditar en el mensaje de su palabra; no tienen como objeto la solución de nuestros problemas, sino más bien nuestra perfección. Nos congregamos como hijos de Dios para ser edificados, y aunque eso nos lleve a batallar en nuestra vida, al final llegaremos todos juntos a ser en todo como Cristo (Ef. 4:11-16), pues esa es la finalidad de la Iglesia.

Al decir que nuestra perfección es obra de Dios, no estamos negando el hecho de que debemos ser participantes de ello. De hecho debemos participar no solo en nuestra perfección, sino en la de los demás creyentes, como colaboradores de Dios.

CONCLUSIÓN

Podríamos resumir la diferencia entre el humanismo y el cristianismo de la siguiente manera:
El humanismo enseña que Cristo murió en la cruz para darnos una vida mejor; el cristianismo enseña que Cristo murió en la cruz para que tuviéramos comunión con él, y así ser transformados a su imagen.

Mientras el humanismo ve esta vida como lo más importante, el cristianismo ve esta vida como la preparación para la eternidad que hemos de vivir en comunión con Dios.


domingo, julio 08, 2012

Nuestra Dirección Actual:
Vicente Guerrero s/n (entre Juárez y De la Rosa), San Mateo Atenco.

Correo Electrónico: transformacion@minister.com

Twitter: @transfordevida

Reunión General: Domingos 12:00 hrs.

miércoles, diciembre 07, 2011

¿NAVIDAD O NO NAVIDAD?


Por J. David Amador M.

Es interesante ver que en estos tiempos dentro de las iglesias cristianas ha ido en aumento la idea de que la celebración de la navidad es mala. Es sabio meditar un poco respecto a esta situación que, si bien aún no ha provocado una ruptura entre quienes la celebran y quienes no, es cierto que debe ser considerada como una muestra de que algo está cambiando, lo cual nos lleva a preguntarnos ¿hacia dónde es ese cambio?

Estamos en el tiempo que marca el fin de una época, dando inicio a otra. Vamos dejando el modernismo para irnos adentrando cada vez más en el postmodernismo.

Este postmodernismo se distingue por dar gran fuerza al existencialismo, es decir, el predominio de  la experiencia, los sentidos y las emociones por encima de la razón y el conocimiento.

Debido a esta característica es cada vez más común ver que algo se considere verdadero por el simple hecho de sentirlo, y no porque tenga un fundamento real.

De este modo, lo que un día se considera cierto,  puede ir dejando de serlo a lo largo del tiempo si los sentimientos que le daban vida van desapareciendo. Esta es la forma en que a lo largo de la historia muchas cosas se tornaron en leyenda, y hoy en día se cuestiona su realidad histórica.

Ya los seguidores de la teología liberal con su método critico histórico, han catalogado eventos narrados en la Biblia como “mitos”. Ejemplo de ello son:  El diluvio y El arca de Noé, El paso del Mar Rojo, La caída de Jericó, La existencia de Daniel, etc.

¿Qué tiene que ver esto con la celebración de la navidad? ¿Nos permitirá entender si es correcto que la celebremos o no?

El Evangelio de Mateo inicia con la genealogía de Jesús partiendo de Abraham, y dentro de ella cita un evento histórico, la deportación de Babilonia. El autor cuenta el número de generaciones hasta llegar a Jesús. Marcos sitúa el bautismo de Jesús en “aquellos días” y lo ubica geográficamente en el río Jordán (Mr. 1:9). El Evangelio de Lucas nos dice que el nacimiento de Jesús ocurrió en tiempos de Augusto Cesar, siendo Cirenio el gobernador de Siria, (Lc. 2:1-2), y en ese tiempo Herodes era Rey de Judea (Lc. 1:5). Juan da testimonio de que “El Verbo” se hizo carne, habitó entre ellos y vieron su gloria, gloria como la del unigénito Hijo de Dios (Jn. 1:14).

Lo que esto nos indica es que Jesús toma parte en la historia de la humanidad. Como lo dice Justo L. González al inicio de su obra “Historia del Cristianismo”: “Desde sus mismos orígenes, el evangelio se injertó en la historia humana. De hecho, eso es el evangelio: las buenas nuevas de que en Jesucristo Dios se ha introducido en nuestra historia, en pro de nuestra redención.” [i]



Este punto tiene una enorme importancia en el sentido de que Jesucristo se hizo hombre y ocupó un espacio real en la historia y en la geografía. Su importancia en la historia va de la mano con su misión entre la humanidad “Revelarnos a Dios, Dar su vida en nuestro lugar para perdonar nuestro pecado y Transformarnos para llegar a ser como él”.

Sin embargo si esto fuera solo un mito, si en verdad nunca ocurrió que Jesús haya venido en carne, entonces no podremos saber como es Dios, o si existe. No somos salvos y no podemos dejar de ser lo que somos.

Por lo tanto se han dado formas para echar a un lado aquello que de lo que se ha dado testimonio, tanto en la Biblia como por historiadores como Josefo. Testimonio que a su vez ha sido ratificado a lo largo de la historia.

William Hendriksen en su libro “Mas que vencedores” escribe que tres son los instrumentos empleados por Satanás en su ataque sobre la tierra: La persecución anticristiana, la religión anticristiana (el engaño) y la seducción anticristiana.[ii] Elementos que se pueden encontrar tanto en Apocalipsis como en la parábola del sembrador entre otros pasajes.

De esta forma el nacimiento de Jesús puede ser “exagerado” hasta el punto de atribuir al muñeco de un bebé, poderes milagrosos. Haciendo del Salvador un dios que necesita ser cuidado, protegido y manipulado. Ese es el engaño. O puede promocionarse la ocasión como un momento de fiesta en el que los regalos, la cena, los deseos de paz y prosperidad y  la convivencia tomen el centro y no haya mención del nacimiento de un salvador. Esa es la seducción.

Pero hay un tercer elemento. Este no se ha mostrado en el sentido total de persecución, pero sí se ha ubicado en el sentido de prohibición en algunos grupos. De este modo encontramos que la celebración del nacimiento de Jesucristo se cataloga como una fiesta pagana relacionada a la celebración de Saturno que los romanos llevaban a cabo.

Esto nos habla de la intención que se tuvo en los primeros siglos de sustituir fiestas paganas por fiestas cristianas con lo que se estableció la fecha.

Sin embargo tal celebración no fue relevante por siglos, sino hasta después de la reforma protestante y en los países protestantes, quienes al celebrarla no la vinculaban en nada con fiestas celebradas por los romanos.

Y aunque por más de 400 años no hubo problemas respecto a la celebración de la navidad, llama la atención el descrédito que se le ha dado recientemente en algunos grupos.

Sin embargo, curiosamente en lo grupos donde se considera incorrecta la celebración del nacimiento de Cristo, también se promueven ciertas prácticas y enseñanzas mesiánicas. Las cuales son cuestionables por el hecho de que apuntan hacia la cultura judía por encima de Cristo.

Aclaro que no estoy en contra de los judíos ni su cultura, pues desde niño fui instruido en la palabra de Dios tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, enseñándoseme a tener un concepto equilibrado respecto de los descendientes de Jacob, entre los que se encuentran los judíos.

Pero es necesario notar que si en algún tiempo se introdujeron elementos culturales judíos a la alabanza y el arreglo de los lugares de reunión, también las predicaciones empezaron a tomar un sentido cada vez más mesiánico.

Pero eso no se detuvo ahí. Hoy en día se está enseñando que los términos griegos “Theos” y “Iesous” son equivocados por considerar al griego un idioma “pagano” y que estos términos se refieren a deidades paganas. Por consecuencia también los términos en español “Dios” y “Jesús” son desacreditados. Este tema será un asunto tratado en otra ocasión. Sin embargo no dejemos de lado la observación que son parte de una corriente que se va arraigando entre cristianos.

La sabiduría consiste en discernir las intenciones del corazón. Es decir, nuestra intención para celebrar o no celebra la navidad, si es para glorificar a Dios o no. Pero también las intenciones que hay detrás de lo que se enseña en la iglesia, (o lo que enseñamos, en el caso de los pastores). No sea que al considerarse a Jesús más adelante como un mito solamente, terminemos por olvidar que un día en la historia, el Hijo verdaderamente se hizo hombre para dar su vida por nosotros.



[i] Justo L. González. Historia del Cristianismo, Tomo I, p. 21. Ed. Unilit, Miami Fl. 1994.
[ii] William Hendriksen, Th. D. Más que vencedores, pp. 90, 91, 175. T.E.L.L. Jenison, Mi. 1977.

martes, junio 21, 2011

Cristianos sin Cristo

Bienvenido al Blog de la Iglesia Cristiana Transformación de Vida.






 
Cristianos Sin Cristo


PROLOGO



Escribí esta historia corta hace ya unos seis años y la fui  publicando por secciones en el boletín dominical de la Iglesia. Ahora la comparto con ustedes en este blog esperando que sea de edificación para sus vidas.

Aunque parece una contradicción “ser cristiano sin Cristo”, puse este nombre a esta historia corta para describir como es la situación de muchos que aseguran ser “cristianos” pero que en realidad no ponen en práctica su palabra.




1. ¿ES SUFICIENTE PARA TI LO QUE TIENES?

Oscar había crecido en un hogar cristiano, sus padres le habían dado una buena educación que consideraban “Cristiana”. Él nunca hacía cosas malas, o al menos evitaba lastimar a otros, y siempre había seguido las reglas.

Cuando entró a la universidad, se encontró con algunos compañeros y maestros que cuestionaban su estilo de vida y sus creencias. Pero él estaba convencido que todo lo que le habían enseñado acerca de Dios era lo correcto.

Oscar trató de compartir su fe con algunos compañeros de la universidad, pero nunca logró nada sobresaliente. Algunos lo escuchaban con atención, al final le sonreían y cambiaban de tema, otros se ponían a discutir con él y las cosas terminaban mal. Siempre le habían enseñado que él tenía la respuesta y que la gente del mundo sufría de gran soledad y dolor por no tener a Dios. Pero en el caso de Oscar parecía todo lo contrario. Al parecer el estilo de vida de sus compañeros era más satisfactorio que el suyo. Por supuesto que ellos tenían problemas, y cometían muchos errores y hacían cosas malas, pero tenían buenos amigos, se apoyaban unos a otros y nadie en realidad se quejaba.

Sin embargo Oscar sí tenía muchas quejas en su corazón. Empezó a notar que mientras más trataba de compartir su fe, se iba quedando más solo. Los únicos amigos con los que contaba eran los de la iglesia.

Algo empezó a despertar en su corazón, ¿será que es mejor que viva como mis compañeros? Esto tomó mayor fuerza el día que un compañero le preguntó ¿qué es lo que te garantiza que tú estas bien y nosotros mal?

Un día, Oscar conoció en la universidad a Hugo, otro cristiano. Él Tenía algo diferente, parecía que disfrutaba ser cristiano y eso atraía a otros que con gusto le escuchaban hablar de Cristo.

Después de presentarse y contarle lo que le había estado inquietando, Oscar le preguntó ¿qué es lo que hace la diferencia? He visto gente que le habla a muchos de Cristo y todos creen, y otros que difícilmente lo pueden compartir, como yo.

Hugo se le quedó mirando y le preguntó —¿tienes suficiente de Cristo en tu vida?—

—Bueno, tengo una buena relación con la gente de la iglesia a la que voy, he estado en varias iglesias con mi familia, algunas no nos han gustado tanto, pero ahora nos sentimos bien donde estamos.

—Ya veo—, respondió Hugo. Dime ¿Te gusta participar en las actividades que se hacen ahí?

—Claro, sobretodo porque el grupo es muy ameno—,

—¿estás satisfecho con lo que se hace en tu iglesia?—

—Bueno, reconozco que me gusta todo, aunque en algunas ocasiones hemos llegado a tener algunos problemas entre los hermanos…—

— y eso ha afectado tu vida espiritual ¿no?— Interrumpió Hugo.

—Pues reconozco que sí, pero sigo buscando crecer en mi vida espiritual.

—Todo eso es bueno, pero no es suficiente, dime ¿en verdad tienes suficiente de Cristo en tí?—

—Pues he tenido buenos cursos de Biblia y de evangelismo, soy el mejor en la esgrima—(concurso que consiste en buscar versículos bíblicos).

—Eso también es bueno, pero no suficiente— respondió Hugo. — Déjame ver si entiendo como te sientes. A tí te gusta lo que hay en tu iglesia y eso determina como te sientes hacia Dios y los demás ¿no?. Dime, ¿es eso suficiente para ti?——

Supongo que eso es lo que Dios nos ha dado y debemos estar contentos con eso ¿no?— Ð

—¿Crees que es suficiente con sólo contentarse con una vida de Iglesia?— Preguntó Hugo —Mucha gente ha vivido dentro de alguna iglesia durante años sin tener relación con Cristo. Ellos tienen relación con un grupo de personas cristianas y por eso se creen cristianos, pero nunca entran en una verdadera relación con Cristo—.

—Esa idea me parece muy rara. ¿cómo es posible pasar años en una iglesia sin conocer a Dios?

—Es cierto que estas personas llegan a conocer a Dios, eso no es un reto. Aprenden un lenguaje “bíblico,” y todas las reglas del juego “cristiano.” Saben lo que está permitido y lo que está prohibido. Pero recuerda que el único camino para llegar a Dios es a través de Jesucristo. El verdadero reto es caminar el camino trazado por Cristo—.

—Me parece que estás siendo muy extremista, no es posible que uno pueda ser miembro de la iglesia sin ser cristiano. ¿no te parece demasiada soberbia definir quién sí es y quién no es cristiano?—

—¿Crees que una persona llega a ser cristiano sólo porque va a una iglesia?—

Oscar se quedó de pronto en silencio. Estaba acostumbrado a discutir con la gente y no quería hacerlo ahora con el que parecía ser uno de los pocos amigos que podría tener.

—Medita en esto— dijo Hugo —, hay quienes están satisfechos con lo que tienen, y no les gustaría que nada cambiara, sino que todos los trataran con amor y que nunca hubiera problemas. ¡cuidado¡. Como no tienen relación con Cristo, cuando algo cambia, o hay problemas y nadie les muestra amor, empiezan a quejarse de todo.

Oscar dio un suspiró y dijo —Disculpa tengo que irme— se dio la vuelta y se alejó caminando pensativo.



2. NO PUEDES CAMBIAR ALGO QUE TE GUSTA
HASTA QUE TE HAYAS HARTADO DE ELLO 


Oscar caminaba muy metido en sus pensamientos —No me parece bien eso de que en la iglesia haya personas que no sean de Cristo—, meditaba, cuando de pronto alguien lo saludó.



—¡Hola Oscar¡— era su amiga Sofía. Ella había escuchado a Oscar discutir en más de una ocasión con alguno de sus compañeros cuando hablaba de sus creencias.


—¿Qué crees?, hace unos días estaba pensando en una de las muchas cosas que tú has dicho acerca de Dios, eso de que no tenemos un futuro seguro si no tenemos relación con él. ¿Y que crees? Una de mis hermanas ha estado asistiendo a un grupo de estudio de la Biblia durante unas semanas y anoche yo la acompañé. Estudiamos esa parte donde Jesús dice que viene para darnos vida en abundancia. Yo le comenté a mi hermana que había cosas que me tenían harta y que no las podía cambiar, y después de platicar con la señora que dio el estudio, muchas cosas quedaron claras para mí. Ahora creo que ¡Es maravilloso cuando sabes que las cosas que has estado viviendo pueden cambiar!—.


Oscar se le quedó viendo sin decir una palabra, en su corazón sentía una pequeña confusión que no le permitía encontrar una frase adecuada para responder a su amiga.


Sofía tomó un poco de aire y continuó hablando —creo que todo eso que has estado compartiendo de Cristo está empezando a tener un buen fruto, gracias amigo. Me voy porque tengo clase—. Le dio un apretón en el hombro a Oscar y se alejó. Mientras tanto Oscar continuaba preguntándose ¿qué es lo que hace la diferencia entre un creyente y otro?


Oscar buscaba las llaves de su casa en la bolsa de su pantalón, no estaban ahí, buscó en su chamarra y tampoco las encontró. Bajó su mochila al piso para buscar sus llaves, cuando escuchó una voz, —¿qué onda mi Oscar? ¿te quedaste atrapado en la calle?—


Oscar volteó mientras abría el cierre de su mochila —¿qué onda Charly? No encuentro mis llaves, creo que las metí en la mochila, y para encontrarlas entre todas las cosas es mucho rollo, seguido me pasa.


—¿Por qué no les pones un llaverote gigante para que las encuentres donde sea?


—¿Cómo crees? Me van a cotorrear


—Pues mejor eso que andarlas perdiendo, ¿no?


—Caray, creo que no están en la mochila, y es que como se les rompió el llavero, es más difícil encontrarlas, sólo están las dos llaves en la argolla—.


Oscar se puso de pie y volvió a revisar las bolsas de su pantalón. Finalmente con un gesto de reproche dijo —aquí están, me urge conseguir un llavero, porque ya me cansé de andar haciendo estos numeritos en la calle.


—Pues consíguelo de una vez, porque cuando te acostumbras a algo, ya nunca lo cambias.


—Dime Charly, tú antes ibas a la misma iglesia que yo ¿te hartaste de la iglesia, o que pasó?


—Nadie me lo había preguntado antes— respondió Charly —no te niego que había momentos muy padres, y la gente de ahí me cae bien, pero no encontré mucha diferencia entre las platicas con ellos que las que tengo con mis amigos que no son cristianos. Y para serte sincero, prefiero platicar con mis amigos no cristianos, porque aunque platicamos de lo mismo y usamos las mismas expresiones, acá puedo tomarme unos tragos y hablar sin tanta restricción religiosa.


—¡Guau!, nunca había pensado yo en que esa era la imagen que dábamos en la iglesia— respondió Oscar muy sorprendido— ahora que lo pienso, es cierto, si la gente de la iglesia piensa igual que la del mundo, entonces habla igual, pero tiene sus “restricciones religiosas” como tú dices.


—¿te soy sincero? Me cansé de eso y preferí dejar de ir a las reuniones-.


Cuando Oscar entró a su casa y cerró la puerta, en su mente estaba todavía repitiendo la plática que había tenido con Charly. De pronto recordó las palabras de Hugo:


“Mucha gente ha vivido dentro de alguna iglesia durante años sin tener relación con Cristo. Ellos tienen relación con un grupo de personas cristianas y por eso se creen cristianos, pero nunca entran en una verdadera relación con Cristo”.


Y también volvió la pregunta a su mente, ¿tienes suficiente de Cristo en tu vida?


Y como si hubiera sido en la misma plática recordó la frase de Charly “cuando te acostumbras a algo, ya nunca lo cambias.”


Al siguiente día buscó a Hugo por toda la universidad, cuando finalmente lo encontró, le dijo:


—Estuve pensando toda la noche en lo que me habías dicho sobre la gente en la Iglesia que no tiene a Cristo.


—Los famosos “Cristianos sin Cristo”


—Sí, esos, de hecho quería preguntarte, ¿cómo puedo saber quien tiene relación con Cristo y quien no?


—Bueno, no se trata de hacer una cacería de pseudocristianos, no dejes que eso te...


—Es que quiero saber si yo soy uno de ellos—interrumpió Oscar


—Ya entiendo— respondió Hugo pensativo —que te parece si vamos a la cafetería para hablar con calma-.


Ya en la cafetería Oscar parecía impaciente. Hugo le preguntó con un tono apacible:


—¿Qué dice la Biblia que debemos hacer para entrar en el reino de Dios?


—Bueno, pues que hay que creer en Dios


—¿Estás seguro?


—No, no ya me acordé, Juan 3 dice que hay que nacer de nuevo


—Oscar, ¿y tú ya naciste de nuevo?


—Bueno, tú sabes que cumplo bien con nuestra religión


—Oscar, tú me pediste que te dijera como detectar a alguien que no tiene relación con Cristo, bueno ahí te va un tip, cuando uno habla del cristianismo como “religión” y de “creer en Dios,” hay indicios de que necesita nacer de nuevo.


—¿por qué?


—No es lo mismo creer en Dios que creer en Cristo, el ser humano por naturaleza cree en la existencia de un Dios, pero si alguien enseñó como es ese Dios, fue Cristo. Si crees en Cristo, entonces estás creyendo en lo que él dijo acerca de Dios. El punto importante es “creer en Cristo”-.


Oscar se mantuvo en silencio por un rato, después le comentó a Hugo las razones porque asistía a la Iglesia, pero Hugo siempre volvía a la misma pregunta ¿ya naciste de nuevo?. Hablaron un poco sobre lo que es y no es “creer en Cristo.”


Finalmente Oscar llegó al punto de su plática con Charly


—Ayer un amigo me puso a pensar en el hecho de que mi estilo de vida no es muy diferente al de los que no creen en Cristo, y eso me inquietó toda la noche. Creo que me he acostumbrado tanto a este estilo de vida religioso que ya no me doy cuenta la falta que me hace tener relación con Dios.


—¿no estás harto de ese estilo de vida religioso?-


—Sí, sinceramente ya estoy cansado de eso, creo que debo nacer de nuevo.


Los dos amigos agacharon la cabeza, y en ese lugar, sin importar la gente que les rodeaba, oraron al Padre. Mientras tanto en los cielos se celebraba una fiesta por el nacimiento de un nuevo creyente en Jesucristo. Ð




transformacion@minister.com

Escrito por J. David Amador